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Valpalmas FC, fútbol rural hecho para su afición

Son algo más de las once de la mañana y el sol pega duramente dando un poco de tregua al viento que azota este rincón de las Cinco Villas aragonesas. Es el momento del ritual de uno de cada dos domingos. Sus escasas calles, que dormían hasta hace unos minutos, comienzan a vestirse de azul en cada esquina: aquel lleva una camiseta, esa señora que baja por la cuesta está agitando una bufanda, ese otro lleva el chándal al completo… Es domingo de partido en el pueblo de Valpalmas, y esa sensación vibra en cada piedra.

Es la última jornada y antes de que se dispute el partido el Valpalmas FC es ya oficialmente campeón de liga y está ascendido a Primera Regional G3. Se respira tranquilidad y algo de emoción en el ambiente. Desde el interior del vestuario se oyen risas y música, desde la intro de la serie Narcos hasta un poco de rap: están aprovechando antes de que llegue el míster y les dé la última charla de la liga. Entonces no se escuchará ni una carcajada.

Para este pequeño equipo de pueblo, esta victoria no es una victoria más. En realidad, ningún partido parece ser un partido más. Después de tres años de vida del club, parecen lejanos los meses interminables de burocracia y conversaciones que allanaron el terreno para que el Valpalmas FC fuera una realidad. No fue fácil, pero nada en el fútbol rural lo es. Al menos, si se le compara con cualquier club asentado en las ciudades.

Hay vida después de la oficina

El campo de tierra del Valpalmas FC.

Fútbol robado a los veranos

Habría que remontarse a la década de los ochenta para poder reconocer en el campo a jugadores vistiendo la camiseta del pueblo. La mayoría de los jugadores actuales ni siquiera habían nacido por aquel entonces. Pero siempre se había respirado entre los más jóvenes la idea de darle forma como fuera a uno de sus sueños más recurrentes: volver a fundar un club de fútbol, donde todo el municipio pudiera implicarse.

«Hemos tenido la suerte de que un pueblo que está decreciendo a ritmos muy altos tuvo entre 1989 y 1995 los nacimientos de un montón de niños de edades cercanas y casi todos eran chicos»

Lo cuenta Alberto «Berti» Laguarta, una suerte de persona todoterreno que puede presumir de haber conseguido que ese sueño al fin se volviera palpable (aunque, seguramente, su humildad le impida reconocerlo). Este valpalmero creció imaginando el Valpalmas FC en su PlayStation. Creaba un equipo con los jugadores de un supuesto Valpalmas y les cambiaba la apariencia física para que se parecieran a sus amigos. Después aprovechaba cada verano en que muchos de sus amigos regresaban al pueblo y podían juntarse para jugar amistosos en los lugares de alrededor. «Hemos tenido la suerte de que un pueblo que está decreciendo a ritmos muy altos tuvo entre 1989 y 1995 los nacimientos de un montón de niños de edades cercanas y casi todos eran chicos», explica Berti. Por aquel entonces no lo sabían, pero ya se empezaba a gestar un Valpalmas FC que vería la luz más de una década después.

Un amistoso con resaca… y victoria

El punto de inflexión ocurrió en el campo de un club de Zaragoza, donde, viendo jugar a Luis Laguna, amigo del pueblo, Berti, junto a David y Javier Antón y Pablo Laguna, se dio cuenta de que en realidad todos estaban jugando al fútbol en otros equipos en lugar de intentar hacerlo juntos. Esa fue la luz definitiva. Estaba a punto de estrenarse el año 2015.

El siguiente verano, comenzaron a organizarse y tantearon el terreno con algún partido amistoso. Fueron a Luna, en un día de mucho calor pero arropados por vecinos del pueblo. La mayoría estaba de resaca ese día, pero ganaron. Después de aquello, siguió un año de papeleos, dudas y mucha incertidumbre. «Pero la decisión estaba tomada», apostilla Berti.

Valpalmas FC - Hay vida después de la oficina

27 de Julio 2015. Foto del primer amistoso en «la era moderna del club». /Fuente: Facebook Valpalmas FC

El 1 de abril de 2016 se fundaba oficialmente el Valpalmas FC y el 25 septiembre debutaron de manera oficial en Biota. Daba comienzo el espectáculo. El club había dejado de ser el sueño de un montón de chavales nacidos en los ochenta y los noventa.

«Buen ambiente, sí; buen rollo, sí; cachondeo, no»

El entrenador espera en la puerta del vestuario mientras de dentro sigue llegando euforia y diversión. Llega David Llera en su furgoneta, que tiene estampada el escudo de Valpalmas. Es jugador y el alguacil del pueblo. También es el jugador de más edad, habiendo pasado ya los 40 años. Se podría decir que es el que más respeto infunde. Por eso, tal vez, fue el capitán indiscutible desde el momento en el que se forma el equipo.

Se van juntando todos los jugadores en el vestuario, a excepción de algún rezagado al que se le han pegado las sábanas. Al fin y al cabo, jugar en domingo no siempre es fácil.

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En el interior, el espacio es reducidísimo. Huele a botas de fútbol, a bolsa de deporte y a expectación. Este mismo cuarto, durante el verano, es el vestuario masculino de las piscinas del pueblo. Una vez entra el míster se hace el silencio y esas cuatro paredes se revisten de una solemnidad inusitada. Es extraño pensar que todos esos chicos que hasta hacía dos minutos estaban gritando a pleno pulmón un remix del Bella Ciao son los mismos que ahora escuchan con la cabeza gacha y el pecho ligeramente encogido.

Se puede afirmar que Víctor Cortés es valpalmero por adopción. Los lazos sentimentales lo unieron a Valpalmas hace más de diez años y desde entonces si había que darle patadas a algún balón allí ibas a encontrarlo también a él. Comenzó vistiendo el número 10 de la equipación del club, para un par de años después colgar las botas y parapetarse detrás de la carpeta de entrenador. No le tiembla el pulso cuando mira a sus jugadores y dice con su chorro de voz que hay que salir a ganar. «Que nadie se duerma», dice. «Como ganemos la liga por el gol average, me voy a cagar en todo».

El míster les acusa de la amenaza de la dejadez, fruto de una concentración baja.

Vïctor Cortés camina de un lado a otro con una mano en el bolsillo y devolviéndoles la mirada a sus jugadores. Se mueve seguro, transmitiendo una confianza dura pero firme. Mientras, los jugadores del Valpalmas FC dan los últimos retoques a su particular ceremonia: calientan sus músculos, se ajustan las medias, se atan el cordón del pantalón, tocan los tacos de sus botas. El míster les acusa de la amenaza de la dejadez, fruto de una concentración baja. No es un partido difícil porque ya tienen la liga ganada, pero el entrenador deja claro lo que quiere en su vestuario: «Buen ambiente, sí; buen rollo, sí; cachondeo, no». Nadie más dice una palabra.

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Víctor Cortés, en pleno partido.

Valpalmas FC: un equipo para su afición

El entrenador deja claras las tres motivaciones que tienen que mantener presentes mientras están en el terreno de juego. Las dos primeras, relacionadas con la mente y el físico: ganar la liga no por el gol average y ser el mejor equipo del grupo con la portería a cero. La segunda, tiene más que ver con el corazón: respetar a toda la gente que ha ido a ver el partido.

El Valpalmas FC se ha erigido como una alternativa para los niños y jóvenes del pueblo, que pueden pensarse en un futuro en el equipo

Es indiscutible que la creación del club ha dinamizado en cierta medida la vida de Valpalmas, un pueblo con 142 habitantes censados. Para hacerse una idea de lo que el equipo ha movido, el récord de socios del club ha llegado a ser de 211 personas. Por eso el ritual de cada domingo, por eso el pueblo engalanado de azul y adaptándose cada jornada a los horarios del encuentro (se llega hasta a pactar con el cura que la misa sea en otro horario para que los feligreses puedan bajar al campo de fútbol).

El Valpalmas FC se ha erigido como una alternativa para los niños y jóvenes del pueblo, que pueden pensarse en un futuro en el equipo, y a nivel social ha conseguido que los vecinos se identifiquen con lo que el equipo representa. En el ámbito cultural, intentan relacionar cada jornada con algún evento como comidas populares, aperitivos, rifas para socios y no socios… De esta  manera, cada encuentro puede convertirse también en un punto de reunión que, además, contribuya a destacar al pequeño municipio de Valpalmas en el mapa de Aragón.

Cuando termina la charla en el vestuario después de un rugido común y los jugadores saltan al campo, las miradas van para esa afición. Cuando finaliza el encuentro con un 7-1 a favor del Valpalmas FC, los aplausos también se dirigen a esa afición. Los jugadores han cumplido lo que el míster les pedía y ganan la liga como el equipo con más goles, menos goles en contra y más puntos. Pero al final el verdadero triunfo es conseguir que toda la afición se sienta ganadora de la liga.

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Un final con vistas al futuro

Termina la jornada y, por tanto, la liga con una comida popular a la que están todos los socios invitados. Ya han abierto una botella de cava, han manteado al entrenador y han extendido una pancarta hecha en una sábana bajera reciclada. También todo el que ha querido se ha podido fotografiar en un photocall hecho para la ocasión. Ahora, mientras los jugadores se duchan y se sacan el sudor y la tierra, las mujeres se organizan para apañar un picoteo que acompañará al plato principal: unas buenas migas aragonesas.

Vuelve la música y el campo se convierte en un improvisado escenario de disfrute gracias a ese insólito sol de principios de marzo. Jugadores y afición charlan y vuelven a lo que son, a lo que han sido siempre: valpalmeros y vecinos.

Sin el apoyo de la gente del pueblo, ese sueño con el que Alberto Laguarta fantaseaba en su PlayStation tal vez podría haberse quedado allí. Pero el Valpalmas FC sigue, y el sostén de la afición jornada a jornada también propicia que ese sueño que ahora es real parezca que va a seguir siéndolo durante muchos años.


 

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