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De Sabina a Desakato: mi banda sonora de Madrid

Banda sonora de Madrid - Hay vida después de la oficina

La evolución de una banda sonora de Madrid cualquiera

Madrid es una ciudad que se merece todas las bandas sonoras. Llena de matices infinitos, puede ofrecer al mismo tiempo euforia, hogar, desarraigo y poesía. Muchos artistas han querido ponerle letra a las sensaciones que brinda la capital española, y otras muchas personas han vestido sus calles con melodías ambiguas que en ese momento parecían adaptarse a los ropajes de esta diosa inabarcable (¿quién no lo ha experimentado caminando por la Gran Vía con los cascos de música puestos?).

He pasado en esta ciudad ocho años de mi vida, justo esos años donde uno se va formando y va creciendo hacia alguna dirección que le aleja de muchas otras. Ahora, a menudo recuerdo Madrid a través de las canciones que me hablaban de ella, desde la más ingenua y bonita hasta la que se revestía de una dureza fría y llena de asfalto y humos contaminados. Hoy quiero compartir algunas de los temas más paradigmáticos que me vienen a la mente cuando vuelvo sobre mis años en esta ciudad agitada.

El principio: caminos que se cruzan

La canción por antonomasia, la que la gente se tatúa, la que todo el mundo ha sentido en algún momento como suya… Esta canción, compuesta por Joaquín Sabina a finales de los años 70 sobre una melodía de Antonio Sánchez, intenta retratar las dos caras de una ciudad que espanta y atrapa al mismo tiempo.

«Una historia de amor y de odio a una ciudad invivible pero insustituible», cuentan, dijo Sabina al presentar el tema, que luego ha sido versionado por Porretas, Antonio Flores, Reincidentes, Carmen Linares y muchos más… Para mí esta canción es la canción de la época de los comienzos, las caras nuevas, los paseos de madrugada de camino a casa después de una noche turbia en Malasaña o unos bailes de rumba en Lavapiés. También es la banda sonora de la contradicción madrileña, del mundo que se abre ante ti con posibilidades eternas y lo cerrado que encuentras tu bolsillo para poder disfrutarlas.

Banda sonora de Madrid - Hay vida después de la oficina

Y después mi banda sonora de Madrid se fue ampliando de maneras muy diversas. Desde el puro reguetón de las noches de jueves de los primeros cursos de carrera con Bailando por ahí y Pasado pisado (¿quién no ha vivido una ruptura sentimental en la capital?) hasta los paseos al Templo de Debod con José González, Neil Young, Rufus Wainwright o Rammstein (mi primer concierto allí). La Oreja de Van Gogh cantada a gritos con mis compañeras de piso, Un beso y una flor con Blanca o la soledad del bluegrass cuando mi corazón parpadeaba.

También Sky is Over de Serj Tankian cuando contemplaba el cielo cada mes de marzo o temas como Boom! de System of a Down cuando no podía más en la oficina y tenía que aislarme del ambiente y las personas tóxicas de allí. Ya en los últimos momentos, la fuerza de Contigo de La Otra, el perreo de Tremenda Jauría de camino a mi segunda universidad y los acordes de Entre tus piernas y Vértigo muchas de las veces que iba a conducir pensando en Anthony.

Y muchísimas más. Pero en esos últimos meses una se abría camino entre las demás con demasiada claridad, y acudía a ese tema como si fuera una medicina que tomar, una ración de oxígeno directa a los pulmones que me prometía que saldría de allí, más pronto que temprano.

El final: junglas de cemento

Cuando el cuerpo te pide respirar, lo peor que podemos hacer es ignorarlo. Muchas veces salía de mi casa y enfilaba la calle Embajadores con esta canción en mis oídos, mucho antes de aceptar, de hecho, que mi tiempo allí se estaba agotando. Y escuchaba a Desakato gritando que tenían que salir, salir corriendo, y buscando, para poder sobrevivir…

Madrid puede ser la ciudad de las dos caras. Como mucha gente ha señalado antes después de vivir allí: puede convertirse en la ciudad que todo te lo da o en la que todo te lo quita. El cemento sigue siendo cemento pero uno elige siempre de qué manera mira sus calles, si se une a su trajín y lo disfruta o prefiere criticarlo o si sonríe o se destroza de tristeza cada mañana cuando coge el metro para ir a trabajar. No siempre escuchamos de la misma manera las canciones ni sentimos que nos dicen lo mismo, y en esta ciudad plagada de tonalidades la música se convierte en un elemento cambiante, fugaz o permanente, según queramos verlo.

Bonus track: volver a su cielo

Hace pocos días volví a esta ciudad que tantas cosas me dio y me quitó y me reencontré con su cielo, siempre inmenso y objeto de millones de historias. Fue agradable volver, volver a recorrer la Gran Vía, a tumbarnos en Madrid Río, pasear por Matadero o bebernos una cerveza clandestina en la Plaza del 2 de mayo.

En esos días la voz de Xoel López resonaba en mis oídos sin descanso, y con este último añadido a mi banda sonora de Madrid fui sintiéndome en paz con un lugar al que sé que siempre podré volver. Eso sí, no sé con qué música de fondo.

Y tú, ¿tienes alguna canción que te hable de Madrid? 

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