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¿Por qué seguimos volviendo a Viña Rock?

Volver a Viña Rock - Hay vida después de la oficina
*Foto de portada: Facebook Viña Rock Oficial

El primer recuerdo que tengo de Viña Rock es del año 2012. Acababa de recorrer con dos compañeras de clase el trecho que separa la estación de autobuses del camping del festival. Un camino que puede resultar doloroso cuando cargas con mochilas, sacos, esterillas, bolsas de comida, bolsas de tela llenas de otras cosas que no te cabían en ningún sitio… Otra compañera de clase que había llegado el día anterior salió a nuestro encuentro para llevarnos al lugar donde habían clavado el suelo de nuestra tienda de campaña. Habíamos quedado en la mítica gasolinera, en un año en el que el camping no-oficial acababa más o menos a esa altura (ahora esto es totalmente impensable).

Llovía como si fuera a aparecer Noé arramblando con animalicos para salvar el mundo (porque esa lluvia tenía que ser sí o sí el Apocalipsis) cuando echamos a andar hacia nuestro campamento. En uno de los primeros pasos que di al salir del cemento de la gasolinera, mi pierna se hundió hasta la rodilla en el barro y cuando la pude sacar mi zapatilla se había quedado clavada en el fango. Hacía un frío digno de enero y el viento me arrancaba la capucha del chubasquero una y otra vez, protagonizando un bullying impecable. Recuerdo que pensé: «¿Pero qué hago aquí? Podría estar de vacaciones en Zaragoza tan ricamente. Socorro, mamá, ¡ven a buscarme!».

Por cierto, había estado lloviendo toda la noche… Así que imaginad cómo encontramos el suelo de nuestra tienda.

Volver a Viña Rock - Hay vida después de la oficina

Nosotras buscando nuestra tienda.

Ese año nos fuimos diciendo que volveríamos, pero con menos lluvia y menos barro

Bueno, eso no ocurrió. Lo de la lluvia y el barro. Lo de volver, sí.

En mi caso, volví en 2014, 2017 y 2018, además de esta próxima edición, en la que también estaré con mis mejorados sistemas anti-lluvia (este año le robo un chubasquero a mi hermano). Pero he de decir que en alguna de esas ocasiones tanto mis acompañantes como yo consideramos que había sido una buena despedida del festival, que estábamos mayores, que qué frío, que entre los curros y demás las fechas se complican… Pero volvemos.

¡¿Por qué?!

Cuando te lo pasas bien hasta la lluvia tiene su encanto

Al final, aunque llueva, todo se diluye, especialmente los malos rollos que no traiga de casa o que genere allí (el camping de Viña Rock es inmenso pero la Ley de Murphy dice que si algo puede pasar pasará). Y al final no es que todo se lleve con humor… es que estás bien. A gusto. Bien rodeado. Aunque al final te quedes jugando al mus en la tienda y no veas a Talco y a Narco (true story). Total, ya los verás… ¿no? Cuando vuelvas. Porque volverás fijo aunque vayas a decir otra vez que no

En el futuro podrás contarle a la gente que te metieron en un pogo en Bongo Botrako mientras hacía sol y granizaba, todo a la vez; que has presenciado los míticos remolinos de basura que vienen a barrerte el último día; que viste tiendas flotando en charcos como si fueran lagos; que alguien se bañó en uno de esos lagos y fue aplaudido por miles de personas; o incluso que os agolpasteis 11 personas en una tienda de 4 del frío que hacía y del roce se hizo el cariño y salisteis de esa tienda llamándoos «Viña Piña» aunque a la mitad de ellos los habías conocido el día anterior… Esa magia acaba ocurriendo.

Para gritar ANTONIOOOOOOO y que se propague por cientos de tiendas de campaña

Esto tiene poca explicación.

Quien lo probó lo sabe.

Nos sentimos jóvenes

Esto igual suena exagerado. De hecho, me lo comentó una amiga cuando le pregunté por qué seguíamos volviendo a Viña Rock (una de esas compañeras que protagonizaron conmigo la anécdota del principio) y yo no había caído pero tiene toda la razón.

Cuantos más años pasan más responsabilidades y preocupaciones arrastramos. La primera vez que fuimos éramos universitarias que podían tomarse como quisieran su horario y ahora somos trabajadoras que hacen malabares para poder cogerse los días de fiesta necesarios (y algunas ni logran conseguirlos…). La primera vez que fuimos bebíamos botellas de ron Negrita y ahora somos de mantita y peli, de echar unas cervezas a media tarde temiendo el dolor de cabeza del día siguiente. Es así, hay momentos en la vida para todo y nosotras ya no somos las jovenzuelas que se hundieron en el barro allá por 2012.

O, bueno… igual sí. Porque cuando volvemos a Villarrobledo lo somos, y bebemos y damos botes como si de verdad volviéramos a tener esos 20 años. Volver a Viña Rock también supone garantizarnos un oasis de irresponsabilidad, unos días de paréntesis de nuestras vidas de trajes y oficinas, de facturas y dolores cervicales. Volver a Viña Rock es también darnos una tregua a nosotros mismos, dejar de presionarnos porque somos «demasiado mayores para…» y simplemente disfrutar.

Además, es el momento, al menos en mi caso, de reencontrarme con muchos grupos de mi adolescencia (el año pasado vimos a Kaotiko en directo por primera vez después de escucharlos desde hace más de diez años) y con otros muchos que sigo disfrutando ahora. Muchos hemos cambiado y hemos evolucionado hacia otros derroteros musicales (no excluyentes) pero seguimos disfrutando como enanos con nuestras canciones de teenager. Este año Ska-p corona el cartel… ¿Se puede añadir algo más?

La intensidad de cada momento

Porque al final en todos los festivales se tejen lazos y se hacen cosas que no hacemos en nuestra vida diaria, pero no hay que olvidar que en Viña Rock se juntan más de 200.000 personas y que vivir el despliegue que se produce en Villarrobledo es todo un acontecimiento. Se construye una civilización dentro de otra civilización. Y metido en ese bucle la energía parece que se magnifica. Un ejemplo es este post que escribí el año pasado cuando volví. Muchos han hecho amigos que conservan muchísimos años después y otros muchos se han enamorado, hubiera lluvia, viento o sol de fondo… No es broma.

Y, aunque parezca mentira después del inicio de este post…, en Viña Rock también hace sol. De verdad. Que sí.

Volver a Viña Rock - Hay vida después de la oficina

Sol en Villarrobledo. /Foto: Facebook Viña Rock Oficial

Nos vemos en Viña Rock… ¿no?

Yo todavía no sé exactamente por qué vuelvo. Pero vuelvo.

La playlist de esta edición, para calentar motores.

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2 comments

  1. Lucia 6 mayo, 2019 at 09:06 Responder

    ¡Da gusto leerte! Cuánta razón y qué buenos recuerdos me han venido de mis años Viñarockeros, especialmente de ese primero allá por 2012 🙂

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